La culpa - Esta sensación opresiva cuando crees que has hecho algo mal
La culpa – Esta sensación opresiva cuando crees que has hecho algo mal

La culpa – Esta sensación opresiva cuando crees que has hecho algo mal

La culpa

¿Cómo podías haberte olvidado de esto? ¿Cómo podías comportarte tan mal? ¡No deberías haber cometido este error!
Quizás te suenan estos reproches. Los hemos escuchado siendo niños de nuestros padres, pero ahora somos nosotros los que nos repetimos incesantemente estas críticas.

Si quieres hacer la prueba, observarte durante un día. ¿Cuántas veces te regañas a ti misma?


Alguna vez te has reprochado por no haber hecho lo que te había propuesto, haber hecho algo mal, no lo suficientemente bien, de haber sido torpe o poco atenta (la lista puede seguir probablemente de forma interminable..)?

Como surgen los sentimiento de culpa?

Aprendemos a sentirnos culpables por medio de nuestros padres, maestros, representantes de la iglesia y de la sociedad.

Quizás has escuchado de niña mensajes como:
“Así nos lo agradeces. Hemos hecho tanto por ti y tu te comportas tan mal.
Por tu culpa tu padre no ha podido dormir en toda la noche.
Eres una niña mala si no haces caso a tu madre.
Será culpa tuya si al final me pongo enferma.
Me tienes harta.
Te arrepentirás si sigues comportándote así.”

Los niños buenos no se enfadan, no mienten, tiene su cuarto ordenado, no pegan, no ensucian, no interrumpen las conversaciones de los adultos, no preocupan a sus padres, se compartan bien… y si no sigues estas reglas, eres una niña mala.

Y como queremos que nuestros padres nos quieran y no queremos hacerles daño, nos sentimos mal y culpables.

Nuestros padres usan los sentimientos de culpa como medio de educación. Nos transmiten el mensaje “Si no haces lo que te ordenamos, no te queremos. Además nos sentimos mal y esta es tu culpa. Solo te queremos si te comportas según nuestras ideas… entonces eres una ñiña buena.”

No hace falta que nuestros padres expresen este mensaje mediante palabras.

Es suficiente cuando dejan de prestarnos atención, cuando nos ignoran, solo hablan con nosotros lo imprescindible, están con malas caras, nos lanzan una mirada de reproche, no nos dan un beso de buenas noches etc.

De niños somos muy receptivos a estos signos non-verbales (y algunos lo seguimos siendo toda la vida) como expresiones faciales, gestos, contacto ocular, postura corporal o el sonido de la voz.

En cuanto nos sentimos rechazados o vemos que personas importantes para nosotros tiene una reacción negativa, creemos que hemos hecho algo mal.

Y finalmente aprendemos, por miedo de las reacciones de los adultos, no hacer lo que queríamos o al menos castigarnos con sentimientos de culpa si lo hacemos.

Los niños aprenden rápidamente esta lección. “Si hago algo “malo” /prohibido, entonces soy una persona mala y por ello me tengo que condenar y castigar.”

Como aún no sabemos percibir las palabras de nuestros padres de manera más objetiva, adoptamos este veredicto devastador.

Copiamos sus ideas sobre cuando somos “buenos” y cuando somos “malos”. Los sentimientos de culpa son por tanto una señal que hemos violado alguna regla.

Consecuencias de sentirnos culpables

Cuando nos reprochamos de haber hecho algo “mal” y nos juzgamos por ello, producimos tensión en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Si por ejemplo mi estómago es mi punto más “débil” (en realidad funciona como una alarma o unos plomos que saltan) entonces puede que tenga dolor de barriga.

A otras personas les da dolor de cabeza, tensión muscular, ganas de comer, tomar alcohol etc, dolor de pecho o problemas para respirar..

O quizás simplemente nos sentimos irritados y disgustados.

Quizás transmitimos esta presión a nuestros hijos, cónyuge, amigos o al perro echándoles la bronca.

Y nos volvemos vulnerables a la manipulación de los demás.

Y si te has auto-castigado suficiente tiempo, con suficientes reproches… acabarás sintiéndote un fracasado. E incluso una sola situación simple, un pequeño contratiempo, un roce etc. tiene suficiente poder como para cuestionarte en todo tu ser, el “fracaso” se generaliza y te aplasta. Unas horas, el día entero, semanas o incluso meses.

La culpa y el perdón

El perdón es el gran antagonista de la culpa. Donde la culpa nos encoge y enjaula, el perdón nos libera.

El perdón es un proceso, no es una decisión que tomamos mentalmente y ya está.

Digamos que crecemos el perdón en nuestro corazón, en la medida en la que nos reconciliamos con nuestra vida y nuestro pasado, y la abrazamos, con sus luces y sus sombras.

Es un proceso de aceptación, de darse cuenta, en la medida en la que avanzamos y arrojamos luz y comprensión sobre los aspectos oscuros y dolorosos que hasta hoy día nos impiden ser auténticamente nosotros mismos.

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La Ilusión de la Culpa y la libertad de la Responsabilidad

El Perdón

Una nota sobre el Perdón

Quieres profundizar perdonando y liberarte de una culpa que nunca fue tuya? ¿Quieres emprender el emocionante viaje de Amor Propio, de aceptarte y respetarte con todas tus luces y sombras?

Soy Kerstin Godchild, Psicóloga Transpersonal y te acompañaré en este viaje íntimo hacia ti misma.

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